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SOLEDAD
La tarde se presentaba como todas las
tardes del norte, calurosa.
El viento norte que soplaba indiferente
al sufrir de los humanos traía
olores de abandono, los pocos que se
animaban a caminar por las desoladas
calles parecían mas lagartijas
que personas, tanto por la forma de
desplazarse como por el aguante al calor.
No había árbol que amortigüe
el sol que dejaba caer sus rayos que
actuaban como un soplete de oxi-acetileno
calentando el acero hasta ponerlo de
un color rojo casi blanco.
Las chicharras dejaban oír sus
lastimeros cantos y dentro del salón
se encontraba él mirando la distancia
sin mirar con sus oscuros ojos serenos
e indiferentes. Ojos como muertos, que
no sabían mirar, porque de tanto
mirar para adentro se habían
olvidado de los colores de la vida.
Cuánto tiempo había pasado
desde la ultima vez que casi se enamora
nuevamente. Muchas hojas han caído,
varios otoños se llevaron las
flores y él seguía ahí
solo, pero no siempre había estado
solo, hubo una época en que tenía
que decidir con quien salía hoy,
tuvo en su mano la mano de su amor y
la soltó y desde entonces se
reprocha por tan entupida decisión,
hoy quería ver a ese hijo, que
bien sabía nunca llegaría
a conocer y esto lo convertía
en una persona indolente e indiferente
en apariencia, porque dentro suyo el
dolor y la tristeza carcomían
su humanidad y cada vez más se
parecía a una mascarada humana.
El secreto lo acompañaría
hasta el final, ni siquiera su analista
pudo sumergirse en la oscuridad de su
interior. Estaba solo esperando el café
pedido y que el mozo con su habitual
pachorra demoraba en traer, la tarde
estaba para una cerveza bien fría,
pero por costumbre pidió un café,
como para contrariarse a si mismo, porque
gustaba jugar el juego de la oposición
por la oposición misma.. Sus
ojos vagaban indiferentes mirando la
cortina de tierra y polvo que arrastraba
el viento junto a papeles y restos de
envases, mugre en realidad que nadie
juntaba y todos hacemos esperando que
otro junte nuestra miseria olvidándonos
de reglas de urbanidad elemental. Otra
tarde que se iba llevándose horas
de su vida, mira como al descuido su
reloj y se apresta a partir hacia dónde,
ni él lo sabe, saldrá
y caminará despacio sin rumbo
hacia ningún lugar no tiene un
destino porque no tiene quien lo espere,
esta solo, triste, sin amigos, amor
ni tiempo para buscarlos, su tiempo
se está acabando como la tarde,
que ya comienza a dejar las sombras
largas y angostas y como al descuido
una lagrima comienza a caer por ese
rostro ajado por el tiempo transcurrido
en soledad.-
Carlos Alberto Castillo - Octubre
2006
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